Mentoría militar

Un día le preguntaron al Rey Demaratos de Esparta por qué se consideraba una deshonra para los espartanos el volver sin el escudo desde el campo de batalla, siendo incluso más importante que el casco. Demaratos respondió: “Porque el casco es para protegerme a mí mismo, pero el escudo es para proteger al hermano que tengo al lado”.[1] La preocupación del soldado espartano por su compañero o subordinado demuestra que el cuidado de los unos a los otros es una de las armas más poderosas de un Ejército, ya que fortalece el espíritu de cuerpo y la cohesión de la organización. Una de las formas en que se expresaba dicha preocupación por el otro en Esparta era la “mentoría”.

Es así que, durante la batalla de las Termópilas, el rey Leónidas de Esparta en el cumplimiento de su misión no vaciló un momento en ofrendar su vida y la de sus hombres, sabiendo que no existía posibilidad de éxito frente a los persas. Estos actos no son consecuencias del azar o de locura ante la muerte inminente, son el resultado de la “mentoría” que los líderes ejercieron sobre él y los demás guerreros para tomar esa crucial decisión.

En este orden de ideas, el propósito de esta columna es reflexionar respecto al valor de la mentoría y vigilancia -permanente- durante el proceso de formación de nuestros subordinados en el ejército.

La mentoría en Esparta

En el caso de Esparta, a los 7 años el soldado comenzaba su aprendizaje militar con la guía de un mentor, luego de ser separado de sus padres con el objeto de moldear sus valores y habilidades. Se castigaba la debilidad en el carácter y se fomentaba la dureza y las personalidades intrépidas; a los 11 años se les entregaba una túnica que sería su única vestimenta por un año, siendo sometidos a rigurosos entrenamientos y condiciones extremas; a los 14 años se les reforzaba la disciplina y el trabajo en equipo, y al cumplir 20 tenían que pasar una prueba llamada “Criptia” que consistía en vivir por meses alejados de todo contacto humano, buscando sobrevivir. Si sobrevivían a estas pruebas, ingresaban al Ejército para recibir una formación marcial definitiva como guerreros de Esparta.

Entre los 20 y los 30 años, los guerreros que antes ocupaban sus cabezas rapadas, dejaban crecer sus barbas y pelo, y es en esta etapa de formación grupal, donde los mentores tomaban nota de cualquier hombre que resaltara por las condiciones de liderazgo entre sus pares, para ser puesto al mando de una unidad.

Así, debido a la mentoría recibida de los líderes y de la organización, más el perfeccionamiento permanente desde soldado hasta comandante, nos ayuda a entender el por qué los espartanos son considerados hasta el día de hoy, uno de los pueblos más guerreros y disciplinados de la historia de la humanidad.

 

¿QUIÉN ES RESPONSABLE DE LA MENTORIA?

La mentoría Es responsabilidad de todos“. Todos en alguna medida, al ser más antiguos, tenemos la responsabilidad de guiar a los más jóvenes, siendo esta una tarea esencial de cada comandante.

Si bien la mentoría es sobre todos, y es algo continuo que nunca debe acabar, hay personalidades que funcionan solas, guiadas por sus convicciones y conocimientos. Estos individuos no deben ser olvidados, al contrario, se les debe exigir más de lo que pueden rendir, presentándoles tareas desafiantes, poniendo en funcionamiento sus destrezas, para que, posteriormente, sean ellos mentores de otros individuos. Por otra parte, el manual de supervivencia de los SAS (Fuerzas Especiales Británicas) menciona: “La fuerza de una cadena, será su eslabón más débil”.[2] Debido a esto, se puede inferir que el esfuerzo principal de la mentoría debe ir orientado hacia aquellos más alejados del camino correcto, a aquel que erró el rumbo de su brújula  y que requiere de un “mentor” que le ayude a retomar el “azimut” correcto.

Innumerables líderes militares han influenciado directamente, no solo en el resultado de las operaciones, sino en la mentalidad y moral de sus subalternos, uno de estos casos es el Mariscal Rommel. El coronel Hans Speidel, Jefe del Estado Mayor de Rommel, refiriéndose a su comandante mencionaba: visitaba todos los días a las tropas en terreno, saliendo entre las 5 y 6 de la mañana, luego de dar órdenes directas a su Estado Mayor. Almorzaba cerca del mediodía con alguna unidad de 1ra línea. Ya de vuelta al cuartel general, comenzaba las reuniones y comía lo mismo que sus oficiales subalternos, comía en compañía de unos 10 o 12 oficiales, a los que sumaban algunos invitados. En la mesa se demostraba siempre dispuesto a unirse a cualquier conversación con sus acompañantes. Cuando visitaba el frente de batalla, explicaba sus planes a sus oficiales y a los hombres personalmente, y sabía mantener el justo equilibrio entre elogios y reproches. Además, daba directrices directas a sus hombres en terreno, bregando una caballerosidad extraña para la época y a la que el mismo Hitler la definía como una debilidad.[3]

Pero, contrario a las creencias de Hitler, la efectiva mentoría de Rommel sobre sus oficiales y subalternos llevaron a enormes triunfos a los alemanes, que veían en el “zorro del desierto” un comandante ejemplar, admirado por su tropa e incluso por sus enemigos.

CONCLUSIONES

Los tiempos complejos en los que vivimos demandan que los comandantes no abandonemos la tradición e historias narradas y continuemos siendo un actor fundamental en la formación de nuestros subordinados. La mentoría es una cualidad que siempre ha caracterizado a nuestro ejército y evidencia la preocupación del soldado por el camarada que tiene a su lado. Debido a esto, cada militar elige un padrino al momento de jurar a la bandera o acude a su comandante cuando necesita un consejo.

Las organizaiones desarrollan muchas formas para mantener la unión y el trabajo en equipo de sus integrantes, siendo la mentoría una herramienta vital en las instituciones militares, donde se entrega el conocimiento y valores de generación en generación.

Los espartanos tuvieron la respuesta cientos de años antes de Cristo, nosotros también la sabemos, “El cuidado de los unos a los otros, el seguimiento permanente del individuo y el amor a nuestra profesión son las armas más fuertes que tiene nuestra organización”. Ya lo señalaba uno de nuestros referentes como comandantes, el Teniente Coronel Juan José San Martin, a sus oficiales, antes de morir a los pies del morro de Arica: “No olvidéis nunca, el número que lleváis en vuestro quepís, y jamás desamparen a su tropa…”

[1] CARLOS ROCA, Sangre de Valientes, Barcelona, España, Inédita Editores, 2006. p.42

[2] JOHN BOSWELL, Manual de Supervivencia, Barcelona, España, Ediciones Martínez Roca,1986, p.17

 

[3] GRAL HANS SPEIDEL, Invasión 1944, Barcelona, España, Inédita Editores, 2009, p.46-47

3 thoughts on “Mentoría militar

  1. Excelente y realista, mantiene aspectos fundamentales de nuestra profesión que a veces se pasan por alto en esta sociedad individualista

    1. Hola Jean Paul,
      Con gran atención leí tu publicación, te felicito, comparto totalmente la relevancia del “padrino “ o mentor en la formación de los comandantes de todos los niveles, sin embargo, propongo un aspecto que quizás sea importante discutir.

      A criterio del autor y los lectores, cuáles debiesen ser las cualidades del mentor de hoy, de acuerdo a las características propias de los oficiales y cabos más jóvenes?

      1. Andrés, le agradezco ante todo haber leido el texto y abrir el debate ante algo que es básico para los militares y que creo (humilde opinión) que hemos abandonado a veces, como es la mentoria.
        Es justo lo que dice ud lo que hace dificil la mentoria, buscar la “idoneidad”, gente muy capaz, liderazgo, etc. Pero sin darnos cuenta, todos hacemos mentoria (para bien o para mal) sobre los menos antiguos, lo que importa es que los comandantes “generen las instancias” para desarrollarlas; reunirse con sus oficiales o clases, tocar temas de interés nacional/militar, compartir en terreno, dar tareas en equipo, demostrar preocupación por el otro, etc y exigirlo hacia abajo, que nadie sienta que esta sólo o que no aporta a la organización. De nada sirve un comandante “mentor” si debajo de el nadie cuida del otro.
        Respecto a los oficiales/clases modernos, creo que es justamente “volviendo a lo antiguo” donde podemos re-encontrar la respuesta, si bien no estamos ajenos a la nueva sociedad moderna (impersonal, mas fría, independiente,etc) nuestro ethos nos obliga a ir mas allá; saber de la vida del subalterno, de su familia, estar ahi para corregir/destacar, marchar/entrenar juntos, dar tareas relevantes, compartir fuera de las horas del servicio, celebrar las tradiciones,etc. No por nada en las revistas reclutas se mantiene y exige ese espíritu, de conocer a mi subordinado como si fuera parte de mi familia. Creo que es justo en estos tiempos donde mas tenemos que volver a lo básico, a nuestras raices y tradiciones y a fomentarla en nuestra organización y en los comandantes. Por eso busque poner ejemplos históricos de mentoria en Ejércitos de antaño, para demostrar que esos valores y preocupación de los unos a los otros, nunca pasarán de moda. Es mi humilde opinión y le agradezco por el tiempo, saludos cordiales.

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