No debemos olvidar por qué celebramos cada 21 de mayo el Día de las Glorias Navales. En esa fecha recordamos a Prat y a quienes murieron en el combate de la corbeta Esmeralda contra el monitor Huáscar. También evocamos el talento, la audacia y la astucia de Condell, quien, asumiendo enormes riesgos, logró hundir a la poderosa fragata blindada Independencia, asestando un golpe decisivo al poder naval del Perú.
¿Por qué es importante recordar todo aquello? Porque nos permite unir el pasado con el presente; porque nos ayuda a comprender de dónde venimos, entendiendo que el presente y el futuro se construyen, entre otras cosas, sobre lo realizado por nuestros antepasados; y, más importante aún, porque nos permite educar a nuestros jóvenes escolares en una etapa en que, como sociedad, estimamos esencial transmitirles, en este caso, el ejemplo de quienes dieron su vida por el Chile del que todos disfrutamos hoy, así como el recuerdo de las victorias navales que contribuyeron a darle forma.
La historia militar y naval de Chile está llena de ejemplos de sacrificio y de victoria. El Combate Naval de Iquique y el Combate de La Concepción son hitos en que marinos y soldados entregaron su vida por la patria, pero, más importante aún, establecieron estándares de conducta, honor y ética militar que continúan guiando el actuar de los integrantes de las Fuerzas Armadas de Chile hasta nuestros días, pese a haber ocurrido hace casi un siglo y medio. No es casualidad que, cada año, jóvenes integrantes de las instituciones armadas que conforman la Defensa Nacional nos lo recuerden al realizar el Juramento a la Bandera, compromiso que incluye dar la vida por Chile si fuese necesario.
El problema es que, pese a los esfuerzos que realizamos tanto quien escribe como muchos de los lectores de Arma Mente, vemos cómo parte de la sociedad civil va olvidando la importancia de estas conmemoraciones: dejando de celebrar las Glorias Navales o reemplazando sus ceremonias por otros temas que, aun siendo relevantes y muchas veces urgentes para personas vulnerables o que atraviesan momentos difíciles, terminan desplazando una memoria que resulta fundamental para el alma nacional, para la identidad chilena y, también, para quienes visten uniforme y observan cómo la sociedad deja de valorar la profesión militar.
Por ello, no podemos bajar los brazos. Debemos exigir a nuestras autoridades y a la sociedad civil un recuerdo adecuado, digno y permanente de quienes dieron la vida por Chile; de quienes alcanzaron victorias que contribuyeron a construir un país más seguro, más sólido y más próspero; en definitiva, de quienes ayudaron a forjar el alma nacional.
Fuente de la imagen: Sitio web del Archivo Nacional disponible en: https://www.archivonacional.gob.cl/el-combate-naval-de-iquique-del-21-de-mayo-de-1879
