Mando con sentido humano: La dignidad como base del liderazgo militar

En el Concepto de Mando del actual Comandante en Jefe del Ejército está contenida una orientación que puede pasar desapercibida para quienes busquen sólo directrices y órdenes prácticas, pero que, si se analiza su contenido profundo, guarda la clave del liderazgo y la ética militar. El CJE nos insta a “ejercer el mando con un sentido humano” en las respectivas unidades.

¿Por qué se nos demanda a los militares tener un “sentido humano”? ¿Existe alguna otra profesión que demande tan explícitamente no olvidar los fundamentos de la humanidad? ¿Es que los militares corremos el riesgo de comportarnos inhumanamente? ¿Qué tiene de especial el quehacer militar en este sentido?

Muchos autores han criticado la conducta inhumana, especialmente luego de las dos guerras mundiales. Previamente, Immanuel Kant señalaba: «Obra de tal modo que trates a la humanidad siempre como fin y nunca simplemente como un medio». Esto quiere decir que debemos actuar siempre de modo que los seres humanos seamos respetados en nuestra dignidad intrínseca como seres libres y racionales y nunca como un medio para lograr un fin. La dignidad humana no está otorgada por alguien ni está sujeta a finalidades; la humanidad es un fin en sí mismo y debe ser el horizonte último de todas nuestras acciones.

¿Cómo los militares debemos respetar este principio, cuando justamente conducimos a grandes grupos humanos como si fueran un “medio” para obtener el fin político de la guerra? Entonces ¿cómo realizar un “mando militar con sentido humano” que no utilice a las personas como un medio para un fin utilitario? En definitiva ¿cuál es el sentido humano de la obediencia militar?

Quizás la conducta militar “inhumana” pueda suceder por dos cuestiones centrales para la ética militar: El uso de la fuerza y el uso de la autoridad. Dado que los ejércitos modernos detentan el monopolio de la violencia requieren de una racionalidad especial y orden necesario para conducir y organizar el uso de la fuerza que llamamos disciplina: ella impone un orden estricto de mando y obediencia que subordina la voluntad de grupos humanos bajo la autoridad de un mando legalmente designado, para conducir racionalmente sus fuerzas. Ello implica la subordinación de la libertad individual a la voluntad del mando que dirige. He ahí el riesgo de deshumanización más cotidiano de la función militar: utilizar la voluntad de otros para fines utilitarios, que no tengan un “sentido humano”.

Quizás, uno de los autores militares que más ha tratado este problema sea el capitán francés André Gavet en su obra “El Arte de Mandar: principios para el mando” de 1898. Gavet se preocupó de los riesgos que conlleva transformar la acción humana en una mera reacción automática y a la unidad en una mera “máquina militar”. Gavet nos dice:

el Ejército no es una máquina sino un organismo vivo (…) la cuestión estriba en saber si queréis considerar a vuestra tropa como un autómata destinado a no entrar en acción sino bajo vuestro impulso personal, o bien como un conjunto organizado de colaboradores inteligentes (…) nunca se repetirá lo bastante que los ejércitos están animados de vida cuando el espíritu de iniciativa vive en ellos; en caso contrario son inertes” (pp. 51 – 53). Más adelante agrega: “la libertad es el primer factor de la dignidad humana, y no hay sino una sumisión honorable: es el sometimiento voluntario del deber” (p. 68).

Antes de la filosofía del “mando tipo-misión” y la Guerra de Maniobras, Gavet destacó el papel de la libertad de acción y la iniciativa de los comandantes como factor clave de eficacia militar, pero también, como fundamento de un mando que respeta la dignidad de la persona humana. El concepto clave para comprender la dignidad del militar, tanto del que manda como de quien obedece, es el deber que cada uno se impone y cumple en plena libertad.

Demostrar un alto sentido del deber, en todas las actividades del servicio, permite desplegar la iniciativa inteligente del subordinado, buscando prevenirnos de usar el sistema de mando y obediencia para fines particulares. He ahí la dignidad del mando, que existe para el cumplimiento estricto de un deber que trasciende los intereses personales de ambas partes. Gavet nos dice: el ejercicio del mando es (y debe ser) impersonal.

“en el Ejército, más que en cualquier otra institución, es odioso el yo (…) El mando es impersonal. Nos está prohibido hacer de él un medio para satisfacer nuestros intereses y nuestras pasiones. Nuestros jefes y nuestros subalternos son colaboradores nuestros en el deber militar (…) Somos los superiores jerárquicos; pero jefes y soldados son iguales ante el deber militar” (p. 66)

Actualmente, con el individualismo imperante y el culto a la personalidad, decir que “es odioso el yo” o que “el mando es impersonal” resulta sumamente controversial (aunque intelectualmente estimulante). ¿Es que no tratamos día a día con personas? ¿Es que el “buen mando” no requiere ser también “buena persona”? Esta impersonalidad no apunta, obviamente, a que seamos meros números en la maquinaria militar, o que dejemos de lado la vida personal o los problemas del subalterno. Se refiere a que todos debemos estar consagrados a una difícil tarea común de suma importancia, que exige sacrificios y renuncias, asumidas libremente para asegurar el bien de otros.

Es en este sentido somos todos iguales ante el deber; Igualmente humanos, libres y racionales. Merecemos un respeto irrestricto a nuestra dignidad en la tarea común del servicio a la patria y en el rol que cada uno desempeña. La distribución de responsabilidades a través de una cadena de mando (desde una escuadra hasta el mando de una división) son roles dentro del sistema militar. Todos, soldados y comandantes, cumplen un rol y ejercen legítimamente su autoridad porque es la única manera de organizar el uso de la fuerza. Es que la esencia del ser militar no está en la obediencia ni la sujeción, sino en la solidaridad y organización de la acción en pos del bien común.

En síntesis, y aunque suene paradójico, un “mando con sentido humano” que respeta la dignidad humana de todos por igual es aquél que no involucra intereses personales y que jamás utiliza la subordinación para fines utilitarios. Tampoco aprovecha la libertad de otros para intereses particulares ni para imponer personalismos en su gestión de mando, sino para el estricto cumplimiento de los deberes trascendentes que implica la defensa de la patria, reconociendo la dignidad a cada uno en la tarea común. El transmitir propósito y fomentar la iniciativa, en este sentido, son habilidades de liderazgo (contenidas en Reglamento de Liderazgo Militar) que respetan dicho principio ético de dignidad humana.

El principio de dignidad, incluido en el Manual de Ethos del Ejército de Chile, va más allá del trato aplicado a adversarios, combatientes o población civil en una operación militar (de acuerdo a los Derechos Humanos fundamentales, DIH, DICA y otros). También orienta el trato con las propias tropas y el modo en que comprendemos el orden disciplinario. La iniciativa y la libertad de acción son cuestiones que van más allá de la eficacia táctica u operativa, sino que son cruciales para sacar a relucir el fundamento humano de la labor militar, donde sólo la organización y colaboración de todos hace posible congregar la voluntad de seres humanos que entregan libremente su vida al servicio altruista. Ahí reside el secreto de la dignidad humana y la clave de un “mando con sentido humano”.

 

Fuente de la imagen: Cuenta de Instagram del Ejército de Chile (https://www.instagram.com/ejercito_chile/?img_index=1)

3 thoughts on “Mando con sentido humano: La dignidad como base del liderazgo militar

  1. Cuando se acabe la ambición de poder en nuestra querida institución, recién vamos a empezar a experimentar el mando con sentido humano, la inmediates y la famosa frase de que la orden se cumple y después se reclama sigue viva, también es cierto que hay diferentes formas de reclamar pero siempre utilizamos la que el subordinado se siente más alejado de ser parte de una posible solución porque impera ejercer justicia para demostrar la autoridad y el poder que entregan ciertas jerarquías, y lamentablemente todos en algún momento hemos caído en esa forma de imponer la disciplina o la obediencia absoluta.

  2. Un ma do con sentido humano, no fué el caso de la tragedia de Antuco el 18 de mayo 2005, el mayor Cereceda no leyó a Gavet y su mala desición le costo la vida a un soboficial y 44 SLC. Que será de este pwrsonaje, estuvo al parecer 5 años en la cárcel y por buena conducta salió libre de toda culpa. Hace falta un reportaje en la TV, de esta tragedia.

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