20 de Marzo de 2026

Vocación y el dilema entre el juego finito y el juego infinito

Hace poco estuve leyendo en una aplicación[1] que resume libros —muy buena, por lo demás— sobre un libro[2] que aborda la idea del juego finito y el juego infinito. Muchas de las reflexiones que aparecen allí nacen de experiencias de CEO, profesionales y directivos que, al ser promovidos o enfrentar distintas circunstancias de la vida, se ven obligados a replantearse muchas cosas.

En términos simples, los juegos finitos se juegan con el propósito de ganar. Tienen reglas claras, límites definidos y establecen ganadores y perdedores. Ejemplos de esto pueden encontrarse en ámbitos como el deporte, la política o distintas competencias donde existe un objetivo concreto y un final claro.

Los juegos infinitos, en cambio, se juegan con el propósito de seguir jugando. No tienen límites rígidos ni un final determinado. Lo importante no es un resultado puntual, sino la continuidad del proceso, la participación y el desarrollo constante.

En esencia, mientras los juegos finitos tienen un punto de término claro, los juegos infinitos buscan sostener la experiencia, el crecimiento y el compromiso en el tiempo.

Uno de los ejemplos citados relata la historia de un director creativo que, al asumir un cargo superior, comenzó a sentirse limitado. Más que defender sus ideas, sentía que debía defender su puesto. Su creatividad, que antes fluía con libertad, empezó a verse restringida. Observaba a una colaboradora que tomaba un lienzo, lo ensuciaba, experimentaba sin miedo y creaba con total libertad. Esa diferencia lo llevó a darse cuenta de que su propio cargo se había transformado en una restricción para lo que realmente lo motivaba.

Ahí aparece el dilema: mantener el cargo —el juego finito— o elegir la creatividad y el desarrollo personal —el juego infinito—, dejando de lado el título o el estatus, y priorizando lo que verdaderamente le daba sentido a su trabajo.

A partir de esa idea surge una reflexión más amplia sobre la vocación y la felicidad en la profesión. Cuando, por distintas circunstancias de la vida o del propio entorno laboral, se pierde la felicidad en el trabajo, aparece una pregunta inevitable: ¿seguir en la organización por estabilidad, beneficios o seguridad —jugando un juego finito— o buscar un camino que permita reencontrarse con el desarrollo personal y la satisfacción profesional, entrando en un juego infinito?

Existen organizaciones donde decisiones equivocadas o procesos quizás injustos terminan quebrando esa felicidad laboral, debilitando el vínculo que las personas tenían con su trabajo. Y es justamente ahí donde aparece nuevamente este dilema.

Creo que esta es una reflexión que todos, en algún momento, debemos hacernos. Porque para trabajar bien, aportar de verdad y no transformarse en un factor negativo dentro de una organización, es necesario ser honestos con uno mismo. A veces eso implica dar un paso al costado y buscar aquello que realmente nos llena y nos da sentido.

Si uno opta únicamente por el juego finito, muchas veces termina afectando no solo a la organización, sino también a las personas con las que trabaja día a día.

[1] Deepstach, disponible en Deepstash — Replace doomscrolling with microlearning!

[2] Finite and Infinite Games de James Carse (2013). Disponible en Amazon.com: Finite and Infinite Games: 9781476731711: Carse, James: Libros

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