10 de Abril de 2026

El último cambio

Alto, de andar inconfundible. Tu voz era tan única como tu amor por el voleibol. Tu carácter fuerte podía parecer distante al inicio, pero bastaban tus acciones para entender lo contrario: ahí estaba el cariño, firme y silencioso, que entregaste a todos quienes tuvimos la suerte de ser tus dirigidos.

Fuimos muchos los que, en medio de la formación militar —esa que tú conocías en carne propia—, encontramos en ese gimnasio un hogar paralelo al que nos esperaba cada fin de semana. Un hogar con eco de catedral, donde reímos y sufrimos; donde ganamos y perdimos; donde los compañeros se volvieron amigos y luego hermanos. Ese gimnasio, ese hogar, hoy lleva tu nombre. Y no es casualidad: es justicia.

Los recuerdos se agolpan como los puntos que ganaste. Como aquella vez en que, en medio del rigor, nos abriste las puertas de tu casa para celebrar con pollo y papas fritas después de “dejar en cero” a un rival. O ese salto tuyo —inolvidable— cuando, tras perder los dos primeros sets, dimos vuelta el partido frente a la Escuela Naval y nos coronamos campeones interescuelas en el 96. Si dejáramos hablar a todos tus alumnos, este partido no terminaría nunca.

Fuiste tú quien nos enseñó a saltar más alto, a bloquear con decisión, a armar para el compañero mejor ubicado, a defender sin miedo. Y aunque en ese entonces no lo entendíamos del todo, no se trataba solo de voleibol. Nos estabas preparando para la vida. Porque hoy, gracias a ti, seguimos saltando más alto frente a los desafíos, bloqueando los golpes duros, armando oportunidades para otros y defendiendo lo que creemos justo.

También nos enseñaste algo que parecía simple, pero que era profundamente sabio: no cambiar el saque o el ataque cuando la pelota “estaba entrando”… y tener la humildad de cambiarlo cuando no se daba lo previsto. Pocas lecciones explican mejor cómo enfrentar la vida: persistir cuando funciona, corregir cuando no.

Hoy nos reunimos con emoción en torno a tu despedida. Pero cuesta verla como tal. Más bien parece el último cambio de tu carrera. Sales de la cancha después del partido más grande que jugaste —y dirigiste—. Un partido que ganaste con claridad, no por puntos, sino por vidas marcadas. Un partido en el que armaste la mejor jugada: formar a cientos, quizás miles, de nosotros. Un partido en el que dejaste una huella imborrable en el voleibol chileno y, especialmente, en el voleibol militar.

Queda tanto por decir, pero lo esencial está claro: gracias por ser mucho más que un entrenador.

Se escucha un pitazo.
Unas manos giran indicando el cambio.
Te vemos salir de la cancha.

Un nuevo pitazo.
Miramos al árbitro.
Sus brazos se cruzan sobre el pecho.

Ahora sí, Jaime…
Final del partido.

En memoria de nuestro entrenador Jaime Cienfuegos QEPD

Fernando Garetto Risso

Fanático de la educación, de la creatividad y del pensamiento crítico. fdogaretto@gmail.cl

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3 comentarios en “El último cambio

  1. Recuerdos de alegría, pasión y vocación que tuve la suerte de recibir desde cadete. Gracias por este homenaje Fernando.
    Descansa en paz querido profesor.

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